"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

lunes, 30 de agosto de 2010

Quevedo, poesía pura

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Antonio de Pereda, El sueño del caballero, h 1670. Es una "vanitas" que vista desde el presente se puede interpretar como  alegoría de la situación de la España de la época en  momentos de superficial esplendor y acelerada decadencia. Quevedo era un caballero dentro de esa sociedad estamental del Antiguo Régimen.
Retratos de Góngora ( Velázquez) y Quevedo (?)

En el prólogo a la Antología poética de Quevedo en Alianza, Borges habla de la excelencia poética de Quevedo con profundidad y sencillez y explica por qué es menos afamado que otros mereciéndolo tanto como los mejores y llega al fondo de la cuestión con una lucidez que sorprende e ilumina y hace pensar que Borges cada vez escribe mejor y que siempre tendrá lectores que le recordarán con gratitud:

"Acaso nadie fuera de su ostensible rival y secreto cómplice, Góngora, ha paladeado el castellano, el peculiar sabor de cada palabra y de cada sílaba, como Don Francisco de Quevedo y Villegas, caballero de la Orden de Santiago y señor de la Villa de la torre de Juan Abad. Así le placía presentarse en la caratula de sus libros; así se engalanaba de sonidos, que ahora son inútiles y le pesan. Ahora es Quevedo para siempre y para nosotros." [...]


(Ese se engalanaba de sonidos de Borges...),  más adelante explica cómo para Quevedo la poesía es forma; la palabra es lo fundamental, la cadencia que crea en el verso, más que el fondo -sentido- y sabe que el arte es un añadido a la naturaleza y le compara en ese sentido con Mallarmé y Joyce. Y sin embargo...  el sentido de los versos de En la torre: "vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos"...corta la respiración.

Velázquez, 1645 Sebastián Morra (det.)

También el "rival y secreto cómplice" que Borges aplica a sus escaramuzas constantes con Góngora, responde a un afinadísimo análisis de la situación psicológica entre los dos poetas, pertenecientes a dos vertientes poéticas del Barroco:  la conceptista, Quevedo y  la culterana, Góngora, lo que no impide que algún poema de Góngora sea puro "quevedo" ,y posiblemente al revés, porque también el estilo de época cuenta.Eran dos más de los muchos e importantes creadores que conviven en algún momento de sus vidas: Cervantes, Lope y Velázquez... entre otros.


Quevedo (1580-1645) nace reinando Felipe II , en el momento que el Imperio español alcanza su máxima extensión ya que en 1580 Felipe II hereda-conquista el trono de Portugal ,que se ha quedado sin heredero, como hijo de la Emperatriz Isabel de Portugal; es joven durante el reinado desastroso de Felipe III y sirve a su ávido valido el Duque de Lerma y su vida turbia de sospechas y sombras, declinará paralelamente al declive de España como Primera Potencia europea en el reinado de FelipeIV.

Mientras Quevedo muere en 1645 Velázquez está pintando, e inmortaliza con ello, a un bufón de la corte, el enano Sebastián Morra, con una verdad pictórica y vital y una dignidad aristocrática que el pintor sevillano otorga a los seres humanos ocupen el lugar que ocupen en la jerarquía social: rey, aguador,hilandera, papa.... En este retrato una vez más impresionan la intensidad expresiva, conseguida con el pensamiento, el color y la luz.Un bufón de la corte es la otra cara de la moneda social a la que pertenece Quevedo.

VERSOS :


Representarse la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió

"¡Ah de la vida!"...¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pàñales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto


Salmo I

Un nuevo corazón, un hombre nuevo
ha menester, Señor, la ánima mía;
desnúdame de mí, que ser podría
que a tu piedad pagase lo que debo.

Dudosos pies por ciega noche llevo,
que ya he llegado a aborrecer el día,
y temo que hallaré la muerte fría
envuelta en (bien que dulce) mortal cebo.

Tu hacienda soy; tu imagen, Padre, he sido,
y, si no es tu interés en mí, no creo
que otra cosa difienda mi partido.

Haz lo que pide verme cual me veo,
no lo que pido yo: pues,de perdido,
recato mi salud de mi deseo.



Desde la Torre

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos, libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.




Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.


- Y estos son los versos de Góngora que Borges dice que podrían pertenecer a Quevedo:

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago, y tu lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.
Góngora


Francisco de Quevedo: Antología poética. Prólogo y Selección de Borges. Alianza.