"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

jueves, 25 de noviembre de 2010

WALSER & REMBRANDT dialogan

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Robert Walser nació en 1878 en Biel, Suiza y escribió libros memorables como Jakob von Gunten o Los hermanos Tanner. Su estilo es delicado, enigmático e irónico, como él mismo.Mantenía opiniones literarias a veces extravagantes como que la poesía de Rilke era para la mesita de noche de las solteronas (Paseos con Robert Walser). A los cincuenta años dejó de escribir y se recluyó, voluntariamente, en el manicomio de Herisau,donde vivió hasta que el día de Navidad de 1956  salió a pasear y no volvió. Se le encontró muerto en la nieve.

Su hermano Karl Walser fue un conocido pintor y a él también le atrajeron las artes plásticas como refleja  Ante la Pintura (Siruela, 2009), con textos en prosa y verso referidos a obras de distintos autores,  Rembrandt, Manet, Cézanne... o su propio hermano.

"Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada." -empieza Jakob von Gunten, para terminar...-"¡Bah! ahora no quiero pensar en nada más. ¿Tampoco en Dios? ¡No! Dios estará conmigo. ¿Qué necesidad tengo de pensar en Él? Dios está con los que no piensan. Adiós, pues, Instituto Benjamenta." Y mientras se cierra el libro, a pesar de cierto desasosiego, se desea empezarle de nuevo.


Robert Walser, muerto en la nieve.


"El día de Navidad de 1956, la policía de la ciudad de Herisau, al este de Suiza, recibió una llamada: unos niños se habían tropezado con el cuerpo de un hombre muerto por congelación en un campo nevado. Cuando llegó a la escena, la policía primero tomó fotografías, luego retiró el cuerpo".

J.M. Coeetzee,Mecanismos internos



"Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde. Y él les repartió la hacienda.[...] Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. Entonces..."(Lc.15, 11-32)
Inicio de la Parábola del Hijo Pródigo, según el Evangelio de Lucas.Una historia corta pero intensa porque habla en pocas líneas del deseo de independencia y aventura,de  dilapidación, del arrepentimiento, del amor... de la envidia que suele producir sentimientos ambiguos y a veces rencor.Como en el hijo mayor o, salvando distancias,  en la hormiga  cruel  de La cigarra y la hormiga,  que ya avisó Esopo.

A Rembrandt la historia le conmueve y deja constancia de ello en el tratamiento de la escena, sobre todo en los elocuentes pies y zapatos del hijo pródigo,- que tal vez inspiraran las Botas de Van Gogh- mientras concentra en el rostro del padre la piedad y la compasión y en el del hermano mayor el resentimiento . Las imágenes de Rembrandt, que Robert Walser evoca en el poema emergen desde la oscuridad y las penumbras doradas del lienzo como apariciones hechas de expresivos plegados, de infinitas veladuras y un rojo  profundo.
Rembrandt, h1669, ól/lz, 262 x 206.Ermitage, San Petersburgo.




El hijo pródigo


Fumaba, bebía y jugaba a las cartas
en el frondoso jardín de la vida.
Completamente abandonado,
y hecho una ruina
compadeció ante el rostro piadoso del padre
diciendo :"Estoy perdido".

Criadas y mozos aguzaron los oídos,
el anciano más bueno que el pan
comenzó a proferir sollozos lastimeros,
al ver hincarse de rodillas
al andrajoso retornado.

Rembrandt plasmó esta excelente
y conmovedora escena que menciono.
Lágrimas de arrebatadora belleza
se escaparon de algunos ojos.

"Ya no valgo para nada",
murmuró el harapiento,
cuando el bondadoso, con el brillo
luminoso del amor, lo alzó del suelo,
para que se recobrara.

El otro que se había quedado en casa,
siempre fiel cumplidor de su deber,
no se encuentra a gusto en el grupo
de los que oyen resonar canciones navideñas
por el reencuentro con el hijo perdido,
y le habría gustado estar
menos malhumorado, hosco, y serio.

Más ahora el malo estaba feliz entre los suyos.
¿Cómo conciliar la razón justiciera,
en la que se retorcía, miserable, la envidia
con lo recién nacido,
ese algo por el que todos lloraban de alegría?



Robert WALSER, Ante la pintura, Siruela, 2009