"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

jueves, 25 de febrero de 2010

VAN GOGH,la última pintura, por ahora...

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Es una noticia en la prensa de hoy.El cuadro titulado Le Blute Fin ha sido adjudicado a Van Gogh. Fue comprado en 1975 por Dirk Hannema, antiguo director del museo Boymans de Rotterdam. Como el señor Hannema tuvo un sonado patinazo con un supuesto Vermeer no se había hecho demasiado caso a lo que sostenía antes de morir en 1984: que este cuadrito (55 x 38 cm) perteneciera al posimpresionista holandés y al estilo que practicaba hacia 1886.

La pintura representa el molino de Montmartre, el barrio de París frecuentado por los impresionistas y ha sido certificado por el Museo Van Gogh de Amsterdam como "un Van Gogh" fuera de dudas : porque en la tela, estudiada con infrarrojos, se ha encontrado una línea en rojo, que a menudo utilizaba el pintor para "conducir" la perspectiva y también porque el color y la calidad de los pigmentos se corresponden con el tipo de los utilizados por Van Gogh en su época parisina y además en el reverso de la tela hay un sello de Rey et Perrot, la tienda donde el pintor compraba los materiales para pintar.


En la misma noticia se recuerdan los últimos cuadros de adjudicación problemática:
-Retrato de hombre, del Metropolitan de Nueva York, que parece ser un Velázquez,
-Majas en el balcón, también del Metropolitan que desde 1996 se duda sea de Goya,
-El hombre del casco dorado, que desde 1985 se duda sea de Rembrandt y un caso muy interesante, que por razones estilísticas parece estar muy bien descatalogado, y que ha hecho surgir más que chispas, 
-El coloso del Museo del Prado,atribuído a Goya hasta 2009.

Es un tema espinoso. Están en juego dineros, prestigios,intereses de todo tipo, ideas consolidadas... Si fuera posible que un ángel justiciero se paseara por los Museos del Mundo y con su espada flamígera fuera señalando cada obra con un  falso/ auténtico,los síncopes iban a ser sonados. Pero mientras ¿qué puede hacer un interesado anónimo ante una obra de arte sea o no sospechosa ? Tal vez plantarse frente a ella, mirar en profundidad, analizar, sentir y decidir para sí mismo.

Cada cual puede tener su colección personal, hecha después de todo como la de los museos, de verdaderos y falsos. Lo importante es que sean buenos cuadros y capaces de conmover; que se pueda decir "este Retrato de hombre tal vez no sea un Velázquez pero podría serlo", o "realmente el Goya del que he visto tantas obras nunca pudo pintar, entre otras cosas, la parte inferior de El Coloso".Y recordar que en la adjudicación de autorías artísticas, puede haber  errores de todo tipo y mucha corrupción.


martes, 23 de febrero de 2010

Alda Merini (Milán 1931-2009) clases de italiano

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BORGES confesaba que había aprendido italiano leyendo una y otra vez la "Divina Comedia".Con el  mismo fin y para comprobar de paso que la poesía es un concentrado de música y sentido, Dante puede ser alternado con los mejores poetas italianos de todas las épocas. Alda Merini , tan contemporánea,y que se fue sin querer esperar el premio Nobel que merecía, es una de esos poetas capaces de hacer progresar en la lengua de Dante, Petrarca, Miguel Ángel....
                                                         Roma, Plaza del Popolo



HO un rigo musicale sopra il canto
anche quando io vendo discipline:
è il rigo di una grande annunciazione,
il rigo della mia follia.


CON pentagramas creo el canto
incluso cuando a cantar enseño:
es el pentagrama de una gran anunciación,
pentagrama de mi locura.


Vorrei conoscere canestri di fede,
il salterio e un branco di domande,
perche io sono Rebecca
in cerca di innumerevoli fogli.


Conocer quisiera espuertas de fe,
el salterio, y un puñado de preguntas,
porque yo soy Rebeca
en busca de infinitas hojas.



alda merini, baladas no pagadas, La Poesía señor hidalgo


[30 mayo 2016/ 2 poemas más ]

I
Voi siete ombre che gettano luce,
voi siete ombre scintillanti,
e anche nelle notti la montagne
brillano della vostra presenza.
Voi siete il vulcano di Dio,
le vostre ceneri si disperdono ovunque
e siete i morti e l'amore,
e siete morti e resuscitati,
e siete morte e resurrezione,
ma siete anche la grande vendemmia
dell' eterno sorriso.

Vosotros sois sombras irradiando luz,
vosotros sois sombras centelleantes,
y también por las noches las montañas
resplandecen con vuestra presencia.
Vosotros sois el volcán de Dios,
vuestras cenizas se dispersan por todas partes
y sois los muertos y el amor,
y sois muertos y resucitados,
y sois muertos y resurrección,
pero sois también la gran vendimia
de la eterna sonrisa.


II

Se Giuseppe mi abbandonasse
io scenderò in un campo
per la lapidazione:
sarò la vergogna de tutti.
Ma ecco l'angelo Tuo
che mi vola sul cuore
di notte
quando lui piange e gli dice:
"Laciala andare,
è soltanto un grande poeta
di cui Dio è innamorato".

Si José me abandonara
descendería en un campo
para la lapidación:
seré la vergüenza de todos.
Pero he allí el ángel Tuyo
que sobre mi corazón vuela
por la noche
cuando llora y dice:
"Déjala ir,
es tan solo una gran poeta
de quien Dios está enamorado."



alda merini, Magnificat, Vaso Roto





domingo, 21 de febrero de 2010

James Joyce/ Música de Cámara

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James Joyce (1882-1941),  uno de los escritores más innovadores del siglo XX que culmina con el Ulises y finaliza con Finnegans Wake-,reune en Chamber Music una actividad poética de juventud que luego abandona; son poemas. en los que pesa la tradición literaria que lleva hasta Shakespeare, la poesía isabelina y la Biblia, 

Según los expertos, en su poesía domina el sonido, la música, más que las imágenes , lo que la hace muy propia para ser cantada, cosa que solía practicar Joyce al menos en sus años de Dublín

.Este poema hace referencia a una visita de Joyce y Nora a la tumba de un amante juvenil de ésta, tema que volverá a retomar  en uno de los cuentos de Dublineses, Los Muertos.. La Elegía de Faure, también música de cámara, sirve de fondo.





SHE WEEPS OVER RAHOON/ ELLA LLORA SOBRE RAHOON

Rain on Rahoon falls softly, softly falling,
Where my dark lover lies.
Sad is his voice that calls me, sadly calling,
At grey moonrise


La lluvia sobre Rahoon cae blandamente, blandamente cae,
Allí donde mi sombrío amante reposa.
Triste es su voz cuando me llama, tristemente me llama,
Cuando gris se alza la luna.


Love, hear thou
How soft, how sad his voice is ever calling,
Ever unanswered, and the dark rain falling,
Then as now.


Amor, escucha
Cuán suave, cuán triste es la voz por siempre resonado,
Por siempre sin respuesta, y la sombría lluvia que desciende
Entonces como ahora.


Dark too our hearts, O love, shall lie and cold
As his sad heart has lain
Under the moongrey nettles, the black mould
And muttering rain


También sombríos nuestros corazones, oh amor, reposarán y fríos,
Como su troiste corazón reposa,
Bajo las ortigas grises como luna, la tierra negra
Y la lluvia murmurante.




james joyce. poesía completa. visor de poesía

sábado, 20 de febrero de 2010

Félix de Azúa, una reflexión

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A FAVOR DE LA MEMORIA HISTÓRICA
FÉLIX DE AZÚA 20/02/2010

Tener un amigo que, cuando lo necesitas, te presta 1.000 euros para pagar el alquiler es una bendición, pero hay regalos más duraderos que el dinero, aunque no muchos. Uno de ellos es un libro porque sus efectos sobre nuestra vida pueden ser perdurables. Cuando Jorge Vigil me regaló hace una semana el libro de Tony Judt titulado Sobre el olvidado siglo XX no me libró de un casero ocasional, sino del deudor más peligroso: el desánimo.

Llevaba yo una temporada abatido al constatar el escaso número de escritores, periodistas, profesores, en fin, gente responsable, que compartía conmigo una visión tan poco optimista de la España actual, de su vanidoso gobierno y de sus caprichosas autonomías, cuando de pronto me vi arropado por un profesional cuya opinión se respeta en el mundo civilizado. Un alivio.

Tras leer a Judt me pareció entender que no éramos, mis colegas críticos o yo mismo, un cultivo cizañero al que divierte poner a parir el espectáculo gubernamental, un fruto de secano cubierto de espinas que sigue, como en tiempos de Franco, arrastrando su soledad a la manera de un estandarte. Si un producto de regadío tan bien nutrido como Judt decía exactamente lo mismo, aunque referido a objetos de mayor tamaño, cabía la posibilidad de que no estuviéramos del todo equivocados, los incorrectos de esta provincia.


Aunque sea una colección de artículos, algunos ya con una década sobre el título, la poética del libro de Judt, su claro y distinto pensamiento, puede resumirse sucintamente. El "olvidado siglo XX" (así le llama) ha sido uno de los más atroces de la historia de la humanidad. Sus matanzas no pueden compararse, ni en cantidad ni en calidad, a las añejas barbaridades.


La gigantesca nube de horror del Novecientos tiene, además, una característica peculiar. A diferencia de los tiempos antiguos, en el siglo XX se expande y domina una fuerza de choque ideológica que desde el caso Dreyfus se denomina "la intelectualidad", la cual se encarga de justificar todas las salvajadas pretendidamente izquierdistas. De ahí el "olvido" y la buena conciencia.

A comienzos de siglo, tras la primera guerra mundial y la revolución rusa, la parte mayor y mejor de esa intelectualidad europea apoyó lo que se solían llamar "posiciones de izquierda". Y entonces lo eran.

El drama es que a medida que el siglo avanzaba, las "posiciones de izquierda" iban dejando de ser de izquierda y se convertían en mero usufructo de intereses de partido, cuando no económicos y de privilegio. La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se suponía que la izquierda era lo opuesto. En la nueva centuria ya no hay diferencia.

Quienes nos hicimos adultos en la segunda mitad del siglo XX y nos creímos parte integrante de esa izquierda que, según nuestro interesado juicio, recogía lo mejor de cada país, no sólo estábamos siendo conservadores y acomodaticios al no movernos de ahí a lo largo de las décadas, sino que fuimos deshonestos. Eso no quiere decir que no hubiera en la izquierda gente honrada y dispuesta a sacrificarse, muchos hubo y algunos murieron en las cárceles de Franco, pero no eran escritores, ni periodistas, no eran, vaya, "intelectuales".

Y lo que es más curioso, aquellos escritores que en verdad eran de izquierdas tuvieron que soportar los feroces ataques de los "intelectuales de izquierdas" oficiales que entonces, como ahora, apoltronados en sus privilegios, eran enemigos feroces de la verdad. Tal fue el caso de Camus, de Orwell, de Serge, de Koestler, de Kolakowski, que se atrevieron a ir en contra de las órdenes del Partido y de la corrección política. Las calumnias que sobre ellos volcó la izquierda aposentada, descritas por Tony Judt, son nauseabundas.

De ellos habla su libro, pero podría haber hablado de otros cien porque cualquiera que osara ir en contra de la confortable izquierda oficial para denunciar las carnicerías que se estaban produciendo en nombre de la izquierda, era inmediatamente masacrado por los tribunos de la plebe.

Tachados de fascistas, de agentes de la CIA, de criptonazis o de delincuentes comunes, hubieron de soportar casi indefensos los embustes de los ganapanes. Luego los calumniadores se tomaban unas vacaciones en Rumania y regresaban entusiasmados con Ceausescu. En las hemerotecas constan nuestros turistas entusiastas. Lo mismo, en Cuba. Fueron muchos.

La deshonestidad no afectó tan sólo a los crímenes estalinistas, maoístas o castristas. En un capítulo emocionante explica Tony Judt las dificultades que tuvo Primo Levi para que la izquierda italiana tomara en consideración sus libros sobre Auschwitz, comenzando por el arrogante Einaudi. Y cómo hasta los años sesenta, más de 20 años después de escritos sus primeros testimonios sobre el Holocausto, no comenzaron a horrorizarse los izquierdistas. ¡Veinte años en la inopia, la progresía!

La impotencia de tres generaciones de izquierdoides para defender la verdad se acompañó del triunfo de los héroes de la mentira, desde el Sartre envilecido de los últimos años, hasta el chiflado Althusser cuyos delirios devorábamos los monaguillos de la revolución maoísta. Todavía hoy un valedor de la dictadura como Badiou fascina a los periodistas con un libro sobre "el amor romántico", cuando es el sentimentalismo tipo Disney justamente lo propio del kitsch estalinista y nazi, su producto supremo.

Sigue siendo uno de los más dañinos errores de la izquierda no aceptar que entre un nazi negacionista y un estalinista actual no hay diferencia moral, por mucho que el segundo pertenezca al círculo de la tradición cristiana (y haya tanto sacristán comunista) y el primero al de la pagana (y por eso ahí abunda el fanático de la Madre Patria).

Ya es un tópico irritante ese quejido sobre el galimatías de la izquierda, su falta de ideas, su desconcierto. ¿Cómo no va a estar desnortada, o aún mejor, pasmada, si todavía es incapaz de admitir honestamente su propia historia? ¿Si sólo entiende la memoria histórica en forma de publicidad comercial sobre la grandeza moral de sus actuales jefes?

Aún hay gente que dice amar la dictadura cubana "por progresismo" y el actual presidente del Gobierno (uno de los más frívolos que ha ocupado el cargo) se ufana de ello. ¿Saben acaso el daño que producen en quienes todavía ponen ilusión, quizás equivocada, pero idealista, en la palabra "izquierda"? ¿Y cómo puede un partido que alardea de progresista pactar hasta fundirse con castas tan obviamente reaccionarias como las que defienden el soberanismo de los ricos?

Dentro de un lustro no quedará nadie por debajo de los 60 años que se crea una sola palabra de un socialismo fundado sobre tamaña deshonestidad. No es que la izquierda ande desnortada o carente de ideas, es que no existe. Su lugar, el hueco dejado por el difunto, ha sido ocupado por una empresa que compró el logo a bajo precio y ahora vende que para ser de izquierdas basta con decir pestes del PP. ¡Notable abnegación la de estos héroes del progreso! ¡Cómo arriesgan su patrimonio! ¡Qué ejemplo para los jóvenes aplastados por la partitocracia farisaica!

El resultado, como se vio en Francia, es el descrédito de los barones, marqueses y princesas del socialismo. Su inevitable expulsión del poder. Y la destructiva ausencia de ideas en un país que ya soporta el analfabetismo funcional mayor de Europa. Una herencia que enlaza con la eterna tradición española de sumisión al poder llevada con gesto chulo por los sirvientes. Esta vez bajo el disfraz del progreso.

Y mira que sería sencillo que la izquierda recuperara su capacidad para armar las conciencias, inspirar entusiasmo y ofrecer esperanza en una vida más digna que su actual caricatura. Bastaría con decir la verdad y enfrentarse a las consecuencias. ¡Ah, pero son relativistas culturales! Y por lo tanto para ellos la verdad es un efecto mediático.





****Cultural de El Mundo,11.1.2013 Entrevista con Félix de Azúa: 
"La filosofía y el arte no requieren excesivo talento. Requieren coraje"

viernes, 19 de febrero de 2010

Albert Camus /1913-1960/ Los almendros

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Hace cincuenta años que Camus murió en accidente de coche. Tenía sólo 47 años pero le había dado tiempo a realizar una obra que por su valor literario y filosófico y por su valiosa reflexión sobre la condición del hombre le habían hecho merecedor del premio Nobel. 

Su prosa, que Sábato calificó de, seca, apasionada y poetica, sigue siéndolo para los lectores de hoy. En el fondo de un mundo considerado absurdo nunca fue capaz de negar totalmente cierta alegría por la vida , considerada como un don, a pesar de todo.En 1940, cuando escribe "Los almendros", Europa está dentro de la Segunda Guerra Mundial y a pesar de todo...

Nota: El texto releído  y más de setenta años después de haber sido escrito, no ha perdido vigencia,  parece escrito para el mundo de hoy, o para la Europa de hoy al menos.. .Es una prueba de que  Camus es intemporal, un clásico,  un contemporáneo y  que su lectura sigue siendo necesaria.23,2,13. 



"¿Sabe usted -le decía Napoleón a Fontanes- qué es lo que más admiro del mundo? La impotencia de la fuerza para fundar nada. Sólo hay dos potencias en el mundo: la espada y el espíritu. A la larga, la espada es siempre vencida por el espíritu."


Los conquistadores -por lo que se ve-, son en ocasiones melancólicos. Algún precio hay que pagar por tanta gloria vana. Pero lo que hace cien años era verdad para la espada, hoy ya no lo es tanto por lo que se refiere al tanque. Los conquistadores han ganado puntos, y el lúgubre silencio de los lugares sin espíritu se ha instalado durante años en una Europa desgarrada.

 En tiempos de las espantosas guerras de Flandes, los pintores holandeses podían llegar a pintar los gallos de sus corrales. Se ha olvidado asimismo la guerra de los Cien Años y, no obstante, las oraciones de los místicos silesios viven aún en algunos corazones. Pero hoy las cosas han cambiado y se moviliza tanto al pintor como al monje: somos solidarios con ese mundo. El espíritu ha perdido esa regia seguridad que los conquistadores sabían reconocerle; hoy, incapaz de dominar a la fuerza, se agota maldiciéndola.


Las personas de buena fe dicen que eso es una desgracia. Nosotros no sabemos si es una desgracia, pero sabemos que es así. La conclusión es que hay que arreglárselas. Y, así, basta con saber lo que queremos. Y lo que queremos es precisamente no inclinarnos nunca ante la espada, no dar nunca la razón a la fuerza que no se pone al servicio del espíritu.

Ciertamente se trata de una tarea que no tiene fin. Pero estamos aquí para proseguirla. No creo tanto en la razón como para apuntarme al progreso ni a ninguna filosofía de la Historia. Por lo menos, sí creo que los hombres nunca han dejado de avanzar en la conciencia que han ido adquiriendo de su destino. No nos hemos elevado por encima de nuestra condición, y, sin embargo, la conocemos mejor. Sabemos que vivimos en la contradicción, pero que debemos rechazar la contradicción y hacer cuanto sea necesario para disminuirla. Nuestra tarea de hombres es la de encontrar las escasas fórmulas que puedan apaciguar la angustia infinita de las almas libres. Tenemos que remendar lo que se ha desgarrado, hacer que la justicia sea imaginable en un mundo tan evidentemente injusto, que la felicidad tenga algún sentido para los pueblos envenenados por la desdicha del siglo. Naturalmente es una tarea sobrehumana. Pero se llama sobrehumanas a las tareas que los hombres tardan mucho tiempo en llevar a cabo: eso es todo.


Sepamos, pues, lo que queremos; permanezcamos firmes en el espíritu aun cuando la fuerza, para seducirnos, tome la forma de una idea o del bienestar. Lo más importante es no perder la esperanza. No hagamos demasiado caso a los que anuncian el fin del mundo. Las civilizaciones no mueren con tanta facilidad, y, aun suponiendo que este mundo tuviera que derrumbarse, lo haría después que otros. Es muy cierto que estamos en una época trágica. Pero mucha gente confunde lo trágico con la desesperación. "Lo trágico -decía Lawrence- debería ser una inmensa patada que se le pega a la desdicha." He aquí un pensamiento sano e inmediatamente aplicable. Hay muchas cosas hoy en día que merecen esa patada.

Cuando vivía en Argel, esperaba siempre pacientemente durante el invierno, porque sabía que en una noche, en una sola noche fría y pura de febrero, los almendros del valle des Consuls se cubrirían de flores blancas. Después me maravillaba al ver cómo esa nieve frágil resistía todas las lluvias y el viento del mar. Sin embargo, todos los años resistía lo suficiente para preparar el fruto.

No es un símbolo. No ganaremos nuestra felicidad a fuerza de símbolos. Hace falta algo más serio. Quiero decir tan sólo que, a veces, cuando el peso de la vida se vuelve excesivo en esta Europa todavía colmada de su propia desdicha, me vuelvo hacia esos países restallantes donde quedan aún tantas fuerzas intactas. Los conozco demasiado como para no saber que son la tierra elegida donde la contemplación y el valor pueden equilibrarse. Meditar acerca de su ejemplo me enseña que si se quiere salvar la inteligencia, es necesario ignorar sus dotes para la queja y exaltar su fuerza y su prestigio. Este mundo está envenenado de desdichas y parece complacerse en ellas. Está entregado por completo a ese mal que Nietzsche llamaba espíritu de torpeza. No le tendamos la mano. Es inútil llorar sobre el espíritu, basta con trabajar por él.


Pero, ¿dónde están las virtudes conquistadoras del espíritu? El propio Nietzsche las ha enumerado como enemigos mortales del espíritu de torpeza. Según él son la fuerza de carácter, el gusto, el "mundo", la felicidad clásica, el duro orgullo, la fría frugalidad del sabio.

 Tales virtudes son necesarias más que nunca y cada cual puede elegir la que le convenga. Ante la enorme magnitud de la partida en juego, que no se olvide en todo caso la fuerza de carácter. No hablo de esa a la que en las tribunas electorales acompañan los fruncimientos de cejas y las amenazas. Sino de la que resiste todos los vientos del mar en virtud de la blancura y de la savia. Esa es la que, en el invierno del mundo, preparará el fruto.
albert camus,1940

A.Camus.: El verano. Alianza

sábado, 13 de febrero de 2010

Antonio Muñoz Molina, el buen lector

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 Antonio Muñoz Molina  es  novelista y ensayista, pero para algunos el género en el que es imbatible es uno menos claramente definido y ,tal vez más moderno, en que la narración propia de la novela y la información y la reflexión del ensayo o del reportaje de calidad,van juntos e interactúan . 

En esa modalidad  Ventanas de Manhattan y sobretodo, en Sefarad Muñoz Molina  da su estatura de escritor con lucidez, talento y honradez intelectual.

Otra obra reseñable, muy cercana a la de editor, es su dirección de la colección del Círculo de Lectores La memoria del Siglo, con testimonios directos de  vivencias, estremecedoras, en los lager nazis y en el gulag soviético, que contextualiza con excelentes prólogos.

Como todos los sábados escribe  en Babelia, y  el artículo de hoy, sábado, 13 de febrero de 2010 es especialmente memorable. 

PURO MISTERIO

La última novela de Don DeLillo se lleva en el bolsillo como un libro de poemas y para ingresar de verdad en ella hace falta una actitud más propia de la lectura de poesía que de la prosa. Pero me equivoco en la disyuntiva: la prosa no es lo contrario de la poesía, sino del verso. La poesía es un estado de máxima intensidad expresiva que muchas veces está ausente de los libros de versos y sin embargo puede saltar como un chispazo en medio de una novela, o en una música, o en las imágenes de una película. La poesía es aquello que sólo puede percibirse con una forma peculiar de atención, algo que está materialmente en el sonido de las palabras pero también en el silencio y el espacio en blanco que hay detrás de ellas y en la resonancia que provocan. La poesía es un primer impacto que ha de ser continuado por una larga revelación, por la conciencia de un significado que es a la vez más claro y más misterioso en cada lectura y nunca se repite idéntico. La poesía es para ser leída en silencio unas veces y otras veces en voz alta, y su lectura no se acaba nunca, ni siquiera cuando nos sabemos los versos de memoria.


Los versos o las líneas de prosa. La poesía nos devuelve a un mundo anterior a la escritura en el que las palabras tenían una exclusiva presencia física en el sonido de la voz y en el recuerdo que las preservaba. Yo empecé a leer Point Omega, la última novela de Don DeLillo, y como no lo hice con el recogimiento que exigía al principio me sentí aturdido y desconcertado por ella. Point Omega trata, entre otras cosas, de la necesidad de la atención, y de lo raramente que se ejerce. Vuelvo ahora a sus páginas y me doy cuenta de la conveniencia de leer en voz alta: hace falta mucha atención para ver lo que está sucediendo delante de ti. Se requiere un trabajo, un esfuerzo piadoso, para ver aquello que uno está mirando. No es sólo una observación general: es una sugerencia sobre la única manera posible de entender el libro que tenemos entre las manos, delante de los ojos demasiado acostumbrados a la distracción: la profundidad de las cosas que pasa por alto el hábito superficial de ver. Algunos críticos ejercen su perspicacia reprochando al autor exactamente aquello que él se proponía conseguir. Point Omega no lleva ni dos semanas en la calle, pero ya ha provocado bastante desconcierto y no poca frialdad: es muy corta, no pasa casi nada en ella, no se parece a las grandes novelas de DeLillo, es demasiado parecida en personajes y atmósferas como si al autor no le quedara mucho que decir, como si estuviera demasiado ensimismado en su mundo, en sus mundos.

Claro que es una novela muy corta: tiene 117 páginas, de letra generosa, de un formato que agradecen las manos, el de los libros que van a cualquier parte con nosotros, los que son una presencia y un hábito más que un episodio. Leyendo una entrevista me he acordado de cuando hablé con él sobre su libro anterior: un hombre enjuto, de cara seria y afable, con una presencia erguida sin rastros de vejez, con el aire de alguien que sin esforzarse se ha mantenido perdurablemente joven, gracias sobre todo a una disposición de curiosidad que se vuelve más honda con la experiencia y sin embargo no se corrompe de amargura. Parecía un profesor, pero no de universidad, sino de instituto, vigorizado por la cercanía de gente más joven, un profesor de high school de una época menos hostil a la enseñanza, cuando un buen bachillerato podía mejorar para siempre la vida de alguien. Leía sus palabras en el periódico y me parecía estar escuchándolo, su voz sin arrogancia, algo monótona, buscando la precisión y a la vez rehuyendo el exhibicionismo, el melodrama del escritor que diserta sobre su Obra. Quería sugerir las cosas más que explorarlas plenamente, dice. En mi primera lectura, sin haber entrado todavía en el estado de espíritu que requiere la novela, yo pensé que DeLillo había ido demasiado lejos en la sugerencia, que había contado y explorado demasiado poco, que su poética de la austeridad lo había hecho caer en la trampa de lo meramente inexpresivo.

En una sala en penumbra del MOMA alguien mira apoyado en la pared una proyección de Psicosis ralentizada para durar veinticuatro horas, una instalación del artista Douglas Gordon que efectivamente se vio en el museo hace unos años. En el desierto de California, un director de cine visita a un profesor jubilado que trabajó para el Gobierno en la preparación de la guerra de Irak, y que ahora vive como un ermitaño retirado del mundo. El director de cine quiere hacer un documental sobre el profesor. Pasan los días, conversan a ratos, el profesor no acaba de acceder a la entrevista, el director de cine tampoco insiste demasiado. En el desierto el paisaje es una amplitud abstracta paralizada bajo el calor y el tiempo, despojado de acontecimientos, parece adquirir una duración geológica. No es tiempo pasajero, tiempo mortal, dice Elster, el profesor que ha renegado de su complicidad en el gran delirio destructivo de la guerra, Es diferente aquí, el tiempo es enorme, eso es lo que siento, palpablemente. Tiempo que nos precede y que nos sobrevive.

Una mujer joven llega a la casa, la hija del profesor. En el curso de los días el director de cine que no avanza en su proyecto y que no se marcha la sigue con la mirada, la ve inclinarse sobre el lavabo en pantalón corto y camiseta, por la puerta entornada del baño. Una noche, sentados en el porche de la casa, le toma una mano. Otra vez, la casa ya a oscuras, empuja la puerta de la habitación en la que ella duerme y ve el brillo de sus ojos abiertos, y da un paso atrás. Un día, igual que llegó, la hija ha desaparecido, y su padre y el director de cine la buscan en vano. Queremos que las historias tengan un misterio, pero también queremos que tengan un final. Llego a la última página del libro y me desconcierta que el enigma no se resuelva. De nuevo la sala en penumbra del museo, de nuevo la acción infinitamente lenta que revela los detalles y los recovecos nunca percibidos de una película demasiado familiar.

Cierro el libro y poco a poco se va desplegando en la imaginación lo que no está dicho en las palabras: igual que un poema que se muestra muy gradualmente, oscura la historia/y clara la pena, como pedía Antonio Machado, la historia posible y también atroz que el relato explícito calla, con una actitud que me recuerda el gesto que hacía Don DeLillo cuando parecía que iba a seguir hablando y de pronto ya no decía nada más, y apretaba los labios. Cada libro me dice lo que quiere, o lo que es, le ha contado a un entrevistador. Point Omega dice lo que quiere y lo que es en el lenguaje misterioso de la poesía.

martes, 9 de febrero de 2010

ALDA MERINI / Ángel de la Anunciación

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Alda Merini (Milán 1931-2009) construye versos de especial densidad poética.Su "música callada"y  su sentido personal de lo religioso hacen recordar el misticismo sensual de San Juan de la Cruz.
Fra Angelico, Anunciación, 1430-32, temple/tabla. Museo del Prado.

Su questo libro tu sei sorto,
angelo dell'Annunciazione.
Io mai avrei pensato
che queste pagine
diventasseero ali.


De este libro surgiste
ángel de la Anunciación.
Jamás habría pensado
que estas páginas
se transformaran en alas.

Piero della Fracesca, Anunciación, 1455, freco. San Francesco. Arezzo.

Le ali degli angeli sono calde,
il loro pensiero sta dentro la notte,
ma tu mi parli
su uno spazio che io non conosco.
Io adoro le stelle e la notte,
ma tu sei il canto del mio mattino.


Las alas de los ángeles son cálidas,
su pensamiento vive dentro de la noche,
mas tú me hablas
en un espacio que no conozco.
Yo adoro las estrellas y la noche,
pero tú eres el canto de mi amanecer.
Leonardo da Vinci, Anunciación 1472.Uffizi, Florencia.

Non capisco
e te lo vorrei chiedere
se tu sei sorto da me
o se io sono sorta da te,
e non sapevo che la carne
potesse sparire
per dar luogo a un pensiero creatore.


No entiendo
y te querría preguntar
si surgiste de mí
o si yo surgí de ti,
y no sabía que la carne
pudiera desaparecer
y dar espacio al pensamiento creador.

MERINI, ALDA.: Magnificat. Vaso Roto Poesía.

domingo, 7 de febrero de 2010

KAFKA, según el recuerdo lúcido y apasionado de Milena Jesenska

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Franz Kafka nació en 1883 en Praga, parte entonces del Imperio Austro-húngaro en una familia de comerciantes de origen judío aunque poco practicante; estudió derecho y trabajó en una compañía de seguros y aunque tuvo relaciones con varias mujeres la especial que mantuvo con Milena Jesenska, puede seguirse, en parte, en Cartas a Milena .

Murió de tuberculosis en junio de 1924.Los Kafka fueron seis hermanos, dos de ellos fallecieron antes de que Franz tuviera siete años; sus hermanas Gabriele, Valerie y Ottilie murieron en las cámaras de gas. Cuando se lamenta que Kafka muriera joven y se recuerda el rumbo que tomó la historia europea bajo el dominio nazi y que sus tres hermanas fueron asesinadas en los campos de concentración...

Escribió en lengua alemana y es  uno de los escritores fundamentales del siglo XX. Su escritura simbólica y en parte metafísica está atravesada por la angustia del misterio existencial. Milan Kundera cifra la trascendencia de la obra de Kafka:

"Fue Franz Kafka quien despertó repentinamente la imaginación dormida del siglo XIX y quien consiguió lo que postularon los surrealistas después de él sin lograrlo del todo: la fusión del sueño y la realidad." El arte de la novela) Y, añade, en El telón, : "Después de que Kafka la hubiera superado, la frontera de lo inverosímil quedó sin policías, sin aduaneros, abierta para siempre.

"FRANZ KAFKA. Anteayer falleció en el sanatorio Kierling, en Klosterneuburg, cerca de Viena, el doctor Kafka, un escritor alemán que residió en Praga. Fueron pocos los que aquí tuvieron la oportunidad de conocerle porque era un hombre retraído y clarividente al que atemorizaba la vida. Padeció durante muchos años una enfermedad pulmonar, y aunque se le sometió a tratamiento, la intensificó conscientemente con su desinterés espiritual.
Cuando el alma y el corazón se ven incapaces de aguantar la carga, al pulmón le corresponde soportar la mitad del peso, para que así la carga quede equitativamente repartida, escribió en cierta ocasión. Pues bien, ésta es la actitud que adoptó frente a su enfermedad.
Su dolencia despertó en él una sensibilidad que rayaba en lo milagroso, una sinceridad espiritual que llegaba a inspirar temor; en cambio fue un hombre que cargó sobre su enfermedad todo el peso de su miedo espiritual a la vida. Era tímido, dulce y bueno; pero los libros que escribió fueron crueles y dolorosos. Para él el mundo estaba lleno de demonios invisibles que se ensañaban y destruían a la Humanidad. Era un hombre clarividente, demasiado sabio para poder vivir, demasiado débil para querer luchar; pero su debilidad era la de los hombres nobles y rectos, que son incapaces de luchar contra el miedo, la incomprensión, la falta de amor y la hipocresía, y que, conocedores de su incapacidad, prefieren rendirse avergonzando así al vencedor.
Su conocimiento de la Humanidad era de esa clase que es privilegio de los solitarios, cuyos nervios, extraordinariamente sensibles, son capaces de conocer y comprender a los demás por su simple expresión del rostro. Su conocimiento del mundo era extraordinario y profundo. Él mismo era un mundo extraordinario y profundo.
Escribió los libros más significativos de la joven literatura alemana. En ellos se nos ofrecen sin partidismo las luchas de las generaciones de nuestro tiempo. Poseen una auténtica desnudez, que queda expuesta con más naturalidad aun cuando se expresa por medio de símbolos. Tienen la ironía seca y la sagacidad sensitiva del ser que supo mirar el mundo con una lucidez tan sutil, que no pudo soportar su espectáculo y tuvo que morir.
Y es que Frank Kafka no quiso hacer concesiones y comportarse como los demás, que se refugian en espejismos intelectuales, a veces muy nobles, verdaderamente.
El doctor Kafka escribió el ensayo Der Heizer (El fogonero), aparecido en lengua checa en Neumanns, Cerven), que plateaba el primer capítulo de una hermosa novela aún no publicada. En Das Urteil (El proceso) expone el conflicto de dos generaciones. Die Verwandlug (La metamorfosis) es el libro más fuerte de la literatura alemana moderna. Luego Die Strfkolonie (Campamento de castigo) y los ensayos Betrachtung (Contemplación) y Landartzt (Médico rural).
Su última novela, Vor dem Gericht (Ante el tribunal de justicia), se halla lista desde hace años para ser publicada; es una de esas obras cuya lectura causa una impresión tan inquietante que sobra todo comentario.
Sus obras se caracterizan por la expresión de un sordo terror por los secretos desconocidos y la evidente inculpabilidad de la culpa entre los hombres. Fue un artista con conciencia tan escrupulosa que supo permanecer alerta donde otros, los sordos, se sentían seguros."



Texto tomado de:  Margarete Buber-Neumann, Milena, la amiga de Kafka,Ediciones G.P.