"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

sábado, 10 de julio de 2010

Chagall :Mi Vida

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Mi vida, del pintor Marc Chagall (Vitebsk, 1887-París, 1985) es una autobiografía pero no al uso. Fue el único libro que escribió, pero basta para comprender que además de un poeta que pintaba era un poeta que escribía capaz de atrapar al lector, emocionarle y arrancarle alguna sonrisa, aunque la mayor parte de su vida fue bastante dura. Parodiando a Borges, a Chagall, como a casi todo el mundo, le tocaron vivir tiempos difíciles tal vez con un plus por ser judío.El libro está editado por Acantilado con la calidad a que ha acostumbrado a sus lectores. 



La escala de Jacob. Gen 28, 12. (ampliar imágenes)

Dos versiones del tema bíblico separadas por el tiempo que se refleja en la incorporación, en la segunda pintura, de las innovaciones que aportan las últimas vanguardias: cubismo, fauvismo, surrealismo... a la personal atracción por lo fantástico-poético de Chagall.
"Jacob tuvo un sueño. Soñó con una escalera que estaba apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos. Y observó que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Vio también que Yahvé estaba sobre ella y que le decía:Yo soy Yahvé, el Dios de tu padre Abrahám y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy a ti y a tu descendencia". (Gen,28,12)
"Una vez en París, estuve en los ballets de Diáguilev, para ver a Bakst y a Nijinski. Durante toda su vida, Diáguilev no ha sabido nunca si acercarse a mí, ni cómo hacerlo.Para mí quellos ballets tenían el mismo punto de partida que el "Mir Iskusstva", que, por otra parte, también había fundado Diághilev. Todos los descubrimientos, los hallazgos, "las novedades" estaban allí filtrados, pulidos para llegar al mundo, en un estilo bello y malicioso.Y yo, yo soy hijo de trabajadores y a menudo, en un salón, por aburrimiento me entran ganas de manchar los parquets radiantes.Apenas abiertas las puertas de los bastidores, divisé, a lo lejos, a Bakst.Rosado y pelirrojo, me sonreía con benevolencia.

Nijinski llega y me da unas palmadas en el hombro. Pero ya se lanza al escenario donde le espera Karsavina: representan El espectro de la rosa.Bakst le detiene con paternalismo."Vazia, espera, ven aquí." Y le pone bien la ancha corbata.

D'Annunzio, cerca de él, pequeño, con su bigote refinado, flirtea amablemente con Ida Rubinstein."¿Finalmente has venido?", me espeta bruscamente Bakst.Estoy desconcertado. si me había aconsejado que no fuera a París, con la advertencia de que tenía probabilidades de morirme de hambre y de que no contara con él.

Cuando todavía estaba en Petersburgo, me había dado cien francos con la esperanza de que me convertiría en su ayudante-decorador. Pero, cuando vio que no pintaba demasido bien los decorados, me despachó.Pero me fui igualmente y ahora estoy delante de él. Me cuesta hablarle.Sé que Bakst está muy nervioso. Yo también. No me siento agredido. ¿Pero qué pasa? ¿Tenía que quedarme en Rusia?Allí, cuando todavía era un niño, a cada paso notaba -¡me lo hacían notar!- que era judío.
Si trataba con artistas del grupo de los jóvenes, me relegaban (e incluso lo permitían) al lugar más recóndito, al más oscuro.

Cuando siguiendo los consejos de Bakst, mandé unas telas a la exposición de Mir Iskusstva, las aparcaron tranquilamente en el apartamento de uno de los miembros, mientras que todo pintor ruso, fuera cual fuera su calidad, era invitado a formar parte del grupo.

Y yo pensaba: seguramente es porque soy judío y no tengo patria.
¡París! No había palabra más dulce para mí.A decir verdad en este momento poco me importaba que Bakst viniera a verme o no.Pero fue él quien al marcharse me dijo:"Pasaré por su casa a ver lo que está haciendo"Un día vino."Ahora, me dijo, sus colores cantan"Fueron las últimas palabras que le dedicó el profesor Baks a su antiguo alumno." (y sigue...)



links sobre el tema:
Chagall y la ley de la gravedad 
Chagall, una autobiografía pintada



Marc Chagall, Mi vida, Acantilado