"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

martes, 10 de agosto de 2010

James JOYCE/ Retrato del artista de seis años

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En Retrato del artista adolescente, la "novela autobiográfica" de Joyce hay páginas de su infancia especialmente memorables por  la compleja ingenuidad infantil mostrada con intensidad y sutileza; en algunas de ellas ya se puede hablar de monólogo interior, el recurso expresivo que utilizó con maestría en el Ulises. En la Edición de Alianza, p.17 se lee:
James Joyce,en 1888 con 6 años, el año que fue internado en el colegio de los jesuitas, en Clongowes.



"¿Qué había después del universo? Nada. Pero, ¿es que había algo alrededor del universo para señalar donde se terminaba, antes de que la nada comenzase? No podía haber una muralla. Pero podía haber allí una línea muy delgada, muy delgada, alrededor de todas las cosas. Era algo inmenso el pensar en todas las cosas y en todos los sitios. Sólo Dios podía hacer eso. Trataba de imaginarse qué pensamiento tan grande tendría que ser aquél, pero sólo podía pensar en Dios. Dios era el nombre de Dios, lo mismo que su nombre era Stephen. Dieu quería decir Dios en francés y era también el nombre de Dios; Y cuando alguien le rezaba a Dios y decía Dieu, Dios conocía desde el primer momento que era un francés el que estaba rezando. Pero aunque había diferentes nombres para Dios en las distintas lenguas del mundo y aunque Dios entendía lo que le rezaban en todas las lenguas, sin embargo, Dios permanecía siempre el mismo Dios, y el verdadero nombre de Dios era Dios.
Se cansaba mucho pensando estas cosas. Le hacía experimentar la sensación de que le crecía la cabeza..."