"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

jueves, 9 de septiembre de 2010

" El Pan" de José Watanabe el poeta alado



Apoyándose en el ala que pintó Durero en Nuremberg un día de 1512 y que sigue asombrando quinientos años después, José Watanabe, parece, con humor, desear hacerse pasar por un ángel. Pero el poeta peruano -con versos, en los que confluyen la herencia  de la mejor poesía peruana , por parte de  madre, y de la mejor poesía japonesa, llevada hasta Perú por su padre, más su personal talento-, seguro que ya tiene alas propias en el Paraíso de los Poetas.
Durero,1512, Acuarela y gouache sobre vitela, 20 x 20 cm .Graphische Sammlung Albertina, Viena
José Watanabe (Perú, 1945-2007)

Antiguo Testamento, Libro de los Reyes 17:12 :
"Ella respondió: Vive Yahvé, tu Dios, que no me queda pan cocido; sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la aceitera. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos"
La cita bíblica y la realidad circundante han inspirado a Watanabe estos versos en los que entreteje dolor, ternura, humor y misterio para crear una belleza  áspera y desolada:


EL PAN

PERDONEN que lo diga sin pudor,
pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo
de hambrunas.

Las carencias
nos llevaban a todos a una especie de inocencia,
a un vivir
en el centro puro de nosotros mismos.
Así es cuando ya no queda nada salvo
la postura orgullosa de mi madre
que dormía como saciada.

Cada cierto tiempo pasaban profetas
que repetían monsergas en nombre de un dios
prometedor, pero cruel.
Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos
ni hizo el milagro de una simple lechuga.

Una tarde se asomó a nuestra puerta
un extranjero de mirada llameante, otro agorero,
pero no supimos quién ardía en él, si su dios
o su demonio.
Dijo llamarse Elías y tenía gran hambre como nosotros.
Se quedó mirando a mi madre
que en la artesa mezclaba un puñado de harina Santa Rosa
con una cucharada de manteca sin nombre.

Estoy haciendo un pan para mi hijo y yo. Lo comeremos
y después, con la dignidad de los pobres sartisfechos,
nos moriremos de hambre, dijo mi madre

en Reyes V 17:12


José Watanabe; La piedra alada, Pre-Textos
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