"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

lunes, 6 de septiembre de 2010

Chartres:piedra, cristal y Luz/Edith Wharton


Una catedral gótica es una jaula de piedra y cristal que sigue impresionando por su belleza pero también por sus dimensiones. Fue la obra de la ciudad entera y  participaban en su construcción todos los gremios. Era la iglesia del obispo y guardaba importantes reliquias. La de Chartres -una de las más hermosas poseía  la camisa con que la Virgen dio a luz al Niño,y que se salvó milagrosamente del incendio pavoroso que arrasó la localidad en 1194. Para reconstruir la iglesia románica llegaron donativos de toda la Cristiandad . La nueva construcción se proyectó a mayor escala y en  un estilo de vanguardia : el Gótico. La afluencia de peregrinos se multiplicó y la vida urbana  se potenció el desarrollo de la artesanía y el comercio.Por sus importantes reliquias en la ciudad se celebraban cuatro ferias anuales, en las festividades más importantes dedicadas a la Virgen. Eran ferias internacionales a las que acudían  gentes gentes de toda Europa.
Si en la la Antigüedad impresionaban las pirámides egipcias y obras semejantes como construcciones sobrehumanas, hecha a escala de los dioses, durante la Edad Media debió sobrecoger la mole enorme de la catedral,  rodeada de callejuelas cercanas y de un caserío minúsculo. La catedral se elevaba desafiando la gravedad casi hasta el cielo y eso también era elocuente: hablaba de la inmensidad de Dios y del poder de su Iglesia. 

En Francia combatiente, el libro de memorias europeas de Edith Wharton, a punto de comenzar la Primera Guerra Mundial, la novelista norteamericana escribe líneas que  se graban por su afinada percepción de la realidad y su incisiva belleza  en torno a la Catedral de Chartres.

[el 1 de agosto Austria-Hungría declararía la guerra a Rusia, sería el comienzo de la Primera Guerra Mundial, el texto se refiere a dos días antes.]

30 de julio de 1914


"El cielo estuvo todo el día cubierto de nubes que amenazaban tormenta, pero cuando llegamos a Chartres, a eso de las cuatro, las nubes se habían desplazado hacia el horizonte y la ciudad se mostraba tan bañada de la luz del sol que entrar en la catedral fue como adentrarse en la densa oscuridad de una iglesia española. En un primer momento los detalles resultaron imperceptibles. Nos hallábamos en medio de una noche oscura. Pero luego, a medida que las sombras fueron diluyéndose de manera gradual, agazapándose entre los pilares, la bóveda y las nervaduras, se abrieron paso, rotundas, las vidrieras y sus grandiosas cascadas de color. Enmarcadas por una profunda oscuridad, pero sumidas en el resplandor de un radiante sol de mediados de verano, aquellas familiares ventanas parecían singularmente remotas y, al tiempo, inmensamente vívidas. Tan pronto ampliaban sus límites semejando estanques de contornos oscuros aunque salpicados de los brillos del atardecer, como centelleaban mostrándose amenazantes cual escudo de un ángel guerrero. Unas eran cataratas de zafiros, otras rosas que se derramaban de la túnica de los santos; unas eran fabulosas bandejas talladas sobre las que se esparcían vestiduras celestiales, otras velas de galeones con destino a las islas de la Púrpura. Y, en el muro occidental, las dispersas llamas procedentes del rosetón que pendía como una constelación en la noche africana. Cuando el espectador retiraba los ojos de tan armoniosas y etéreas formas, las oscuras masas de mampostería que se ubicaban bajo ellas -veladas y envueltas todas ellas en una neblina azuzada por las humildes luces del altar- parecían simbolizar la vida sobre la tierra, con sus sombras, sus incómodas distancias y sus pequeñas islas de ilusión. Todo lo que una gran catedral puede llegar a infundir sobre el alma, toda la riqueza de detalles que puede fusionar en una gran manifestación de fuerza y belleza...Todo eso nos lo ofrecía la catedral de Chartres en aquella hora perfecta".Edith Wharton

Cegados por la luz dorada de la tarde Edith Wharton y sus amigos entran en la Catedral; al principio, deslumbrados, -la oscuridad le recuerde una iglesia española-, pero en seguida surge el milagro de los fulgores de cataratas de color de las vidrieras;la luz filtrada por cristales ensamblados con plomo forman un mosaico de transparencias coloreadas y refulgen como piedras preciosas desde los miles de metros cuadrados, de ventanales y rosetones.... 
La luz; capturarla, fue el objetivo que perseguía el Abad Suger h.1140 cuando inventó una forma arquitectónica que llamarían Gótico posteriormente para rehacer la cabecera de la iglesia de su abadía; porque el arco apuntado, la bóveda de crucería y los arbotantes, por sí solos no formaron un sistema hasta que Suger, Abad de Saint Denis, necesitó pensar una forma para encerrar su idea mística: la luz, el más inmaterial de los cuerpos creados, que a través del neoplatonismo cristiano había llagado a ser el símbolo de la divinidad y su representación.