"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

miércoles, 13 de julio de 2011

CHÉJOV en construcción.../ y un cuento

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Este cuento lo firmó Antosha Chejonte un joven ruso de veintitrés años estudiante de medicina; la historia contada tiene gracia y ligereza y el autor maneja muy bien la tensión narrativa, pero su único deseo, entonces, era llegar a ser médico, y ni siquiera se le pasaba por la cabeza que llegaría a ser Anton Chèjov.
UNA SESIÓN DE HIPNOTISMO

La enorme sala rutilaba con sus luces y hormigueaba de gente.Era el reino del hipnotizador. A pesar de su aspecto endeble y poco atractivo, el hipnotizador brillaba, lucía,deslumbraba. Le sonreían, y aplaudían y obedecían. Y también palidecían.
Hacía literalmente milagros. Dormía a uno. Tetanizaba al otro, colocaba a un tercero con la nuca sobre una silla y la planta de los pies en la otra. Vimos reducir a un periodista delgado y alto al estado de espiral. En una palabra, encadenaba las diabluras. Ejercía una influencia especial sobre las damas.
Bajo su mirada, caían como moscas. ¡Oh, los nervios de las mujeres! Sin ellas, nos aburriríamos mucho en este mundo. Habiendo dado pruebas de su arte con todas las personas presentes, se acercó a mí.
-Me parece que usted es de un natural muy maleable -me dijo-. Es usted tan nerviosos tan expresivo. ¿Aceptaría dejarse dormir?
- ¿Por qué no? Con mucho gusto, adelante. El hipnotizador se sentí vis-à-vis, me cogió la mano y posó sus terribles ojos, ojos de serpiente en mis pobres ojos.
El público nos rodeaba.
-¡Chist, damas y caballeros! ¡Chist!¡Silencio!
Se calmaron...Nosotros continuábamos sentados, mirándonos a los ojos. Transcurrió un minuto...y otro...Yo tenía un hormigueo en la espalda, mi corazón parecía salírseme del pecho, pero en modo alguno caía en trance.
Transcurrieron así cinco minutos...siete minutos...
-Resiste -dijo alguien-. ¡Bravo! ¡Eso es un hombre!
Aún continuábamos sentados, y nos mirábamos...Yo no tenía ganas de caer en sueño, nin siquiera de adormecerme. Un protocolo de la Duma o de la Asamblea territorial ya hace tiempo que me hubiese adormecido. La asistencia comenzaba a susurrar, a reír para sus adentros...El hipnotizador dejó ver un semblante molesto, parpadeó...¡Pobre! ¿a quién le gusta un fiasco? ¿Acudid en su ayuda, espíritus, enviad a Morfeo sobre mis párpados!
-Resiste- dijo la misma voz-. ¡Ya basta, déjelo! ¡Ya os dije que todo esto no eran más que trucos!
Y entonces en el momento en que, reconociendo la voz de un amigo, hice amago de levantarme, sentí en la palma de la mano un objeto extraño. Al tocarlo supe que era un billete. Mi padre era médico y los médicos saben reconocer, sólo con tocarlo,la calidad de un papel. Según la teoría de Darwin, yo he heredado de mi padre, entre otras aptitudes, algo de ese talento. Reconocí así un billete de cinco rublos. en esto me quedé dormido al instante.
-¡Bravo hipnotizador!
Los médicos presentes en la sala se acercaron, comenzaron a dar vueltas, me husmearon y dijeron:
-Sí...está dormido.
Contento de su éxito, el hipnotizador ejecutó algunos pases sobre mi cabeza: aún dormido, deambulé por la sala.
- Tetanicéle un brazo -sugirió alguien.
- ¿Puede hacerlo? Entonces, póngale el brazo rígido.
El hipnotizador (cuya mirada estaba lejos de ser fría) alargó mi brazo derecho y comenzó sus manipulaciones: , lo frotó, sopló y dio palmaditas. Mi brazo se negaba a obedecerle . Se balanceaba como un guiñapo y en modo alguno parecía querer ponerse rígido.
- ¡No se tetaniza! ¡Despiértelo! Eso entraña peligro...pues él es nervioso y delicado...
Entonces sentí deslizar en la palma de la mano un billete de cinco rublos. La excitación se transmitió por vía nerviosa de mi mano izquierda a mi mano derecha, que no tardó en quedarse entumecida.
-¡Bravo! ¡Mirad que dura y fría está! Parece la mano de un muerto.
- Anestesia completa, hipotermia, pulso débil- dijo el hipnotizador.
- Si, el pulso es débil dijo uno de ellos.
- Tetanización completa. Temperatura muy baja...
-¿Cómo se explica eso? -preguntó una enjuta dama.
Uno de los médicos alzó los hombros con gesto significativo, suspiró y dijo:
- Sólo tenemos hechos. Explicaciones, pues no hay.
Vosotros tenéis hechos y yo dos billetes de cinco rublos. Es más ventajoso. alabado sea el hipnotismo aunque sea por tan poco; en cuanto a las explicaciones, no las necesito.
Pobre hipnotizador, por qué entonces te has sentido en un aprieto conmigo, fantasma como soy?
P.S. ¿No es una maldición? ¿Un horror?


Acabo de saber que no fue el hipnotizador quien me ha deslizado los billetes en la mano, sino Piotr Fiodorovich, mi jefe.
-He hecho eso -me dijo-, para saber hasta dónde llega tu honestidad.
¡Por los clavos de Cristo!
-Eso es indigno, amigo mío...No está bien. No esperaba eso de ti.
-Es que tengo hijos, señor. Una mujer. Una madre. Y la vida es cara, actualmente.
- Eso no está bien. ¡Y, además, aún quieres editar un periódico! Y cuando haces discursos en las cenas lloras. Es vergonzoso. Te creía honesto, resultado: tu hapen Sie gewesen.
Tuve que devolverle sus dos billetes. ¿Qué podía hacer? Al César lo que es del César.
- Contigo no estoy resentido -dijo el jefe-. Esa es tu naturaleza, que te parta el diablo...¡Pero ella! Es asombroso. Ella:¡todo candor, inocencia, dulzura y lo demás! ¿Eh? ¿Ella se ha dejado tentar
igualmente por el dinero? ¡porque también ella se ha dormido!
Cuando dice ella, mi jefe tiene ante su vista a su esposa, Matriona Nikolaievna.


24 de marzo 1883.



Antes de que Antón Chéjov mereciera ese nombre firmaba sus relatos con seudónimo.Comenzó a escribirlos a los diecinueve años mientras estudiaba medicina; podía inventar historias con facilidad y ya en su natal Taganrog se le había reconocido un don para observar, imitar y entretener y hacer reír con distintos personajes y situaciones. Ahora, en Moscú, empezó a escribir ese tipo de historias para revistas humorísticas y así poder ganar algún dinero.

Nabokov recuerda que "los primeros relatos los escribió Chéjov para aliviar la pobreza de la familia" ;era una forma relativamente fácil para él de obtener unos rublos ( 14/16 copeks por línea) y poder mantener a sus padres y hermanos con unos escritos que eran sólo un entretenimiento productivo y tras los que desaparecía firmando Antosha Chejonte.

Pero poco a poco, Chéjov, el ingenioso, el observador preciso capaz de imitar y narrar con gracia y éxito, va sufriendo una evolución:la literatura se apodera de él y lo transforma, como si no se pudiera jugar con el arte impunemente; así lo interpreta de forma lúcida y convincente Thomas Mann:

"En una carta describe cómo, rodeado del griterío de los niños, entradas y salidas, campanilleo del reloj de música y la lectura en voz alta de su padre en la habitación de al lado, está sentado a su mesa desprotegida ante su trabajo literario"que implacable llama a mi conciencia,"
Mann continúa explicando cómo, sin que Chéjov se dé cuenta del proceso, va penetrando en sus pequeñas historias algo con lo que en principio no deseaba tener nada que ver, algo que proviene de la conciencia de la literatura y de la propia conciencia personal:"algo que aún es divertido y entretenido pero al mismo tiempo amargo y triste, que desenmascara la vida y la sociedad denunciándolas, algo dolorosamente crítico, en una palabra- literario".

Y cita la ya célebre carta de D.V.Grigorovich, el escritor afamado de otra generación, a quien apenas conoce Chéjov, que en 1886 le escribe para contarle que busca con interés en las revistas todas las historias firmadas por Antosha Chejonte y llamarle la atención sobre la responsabilidad a que le obliga su singular talento:

"Posee usted señor mío un talento extraordinario que según mi convencimiento no necesita arredrarse ante las más altas empresas. Sería lamentable que usted siguiera desperdiciando sus energías en bagatelas literarias. Me siento impelido a que no lo haga, que por el contrario se concentre en proyectos verdaderamente artísticos".
Estas palabras de una personalidad literaria reconocida calaron en Chéjov que " desde aquella carta no volvió a llamarse Antosha Chejonte", añade Mann y le hacen tomar conciencia de la seriedad de un oficio que creía secundario y tal vez provisional; siempre había querido ser médico y aunque lo llegaría a ser con generosidad asombrosa para sus pacientes campesinos, la literatura, iría ganando terreno hasta convertirse en su actividad principal.

Chéjov disfrutó en vida de fama y éxito y cuando murió, aunque joven, era considerado ya un clásico.Su valoración se mantiene intacta, se renueva constantemente; Sergio Pitol dice de él que "es un contemporáneo", que es otra forma de llamarle clásico y también que sus obras de teatro son todavía más modernas que sus relatos -contraviniendo el criterio de Tolstoi que encontraba el teatro de Chéjov deplorable- o que su mayor aportación a la literatura es la libertad total:dotar de vida a fragmentos de ella que construye con sencillez aparente y desmenuza en matices imperceptibles que el lector,-cuya participación Chéjov considera imprescindible-, recuerda Pitol , debe completar.

Construye historias sencillas pero intensas donde lo verdaderamente importante no llega a decirse y en las que queda un fondo de misterio irreductible a lo racional que hace que cada nueva lectura descubra otros matices y emociones.

Refiriéndose a la persona de Chéjov, Sergio Pitol dice: "me produce un profundo respeto" y es un sentimiento compartido por cuantos se acercan a él. Asombra su sencillez, su no darse importancia, cómo se ocupó siempre de los demás, de sus familiares,de los campesinos, de los numerosos enfermos pobres que fue capaz de atender, de los niños construyendo escuelas,casi físicamente, de los lejanos y olvidados presos de la isla de Sajalín......; había desarrollado un sentimiento de responsabilidad hacia los otros en que se mezclaban la compasión, y la solidaridad y aunque esto no le hace mejor escritor (la personalidad de Cèline muestra que los sentimientos generosos son prescindibles para llegar a ser un genio literario) le convierte en una figura sumamente atractiva.

Esta empatía hacia todo lo humano tal vez sensibilizara su obra pero no la sentimentaliza.En la diminuta pero acertada biografía de Natalia Ginzburg, la escritora italiana extrae una constante importante de las obras de Chéjov,el distanciamiento, la objetividad:

"Y si el lector derramaba alguna que otra lágrima, el escritor tenía siempre los ojos secos. Además, los personajes de sus cuentos ofrecían sin cesar comentarios, juicios, observaciones, opiniones. El escritor no ofrecía comentario alguno. No daba la razón a nadie ni se la quitaba. Así era Chéjov en sus primeros relatos y así fue en los últimos. Un escritor que nunca hacía comentarios".

Y unas páginas más adelante Ginzburg recuerda lo que le dice Chéjov a Bunin, a quien aconseja escribir con regularidad, "Pero hay que ponerse a escribir sólo cuando uno se siente frío como el hielo".



En la biografía de Dimitri Shostakóvich de Bernd Feuchner (Turner) el autor cuenta que Anton Chéjov era el escritor preferido del músico y entre sus relatos uno de los más queridos El violín de Rothchild, que no sólo trataba un tema musical sino además era música popular judía (para bodas,entierros y otros festejos) cuyas raíces orientales tanto le atraían. Ello le llevó a animar a su alumno Benjamín Fleishmann, para que pusiera música al relato. Fleishmann (n.1913) que era judío, murió heroicamente en septiembre de 1941 defendiendo Leningrado sin haber concluido la instrumentación y entonces Shostakóvich se encargó de finalizar este "espléndido melodrama", como califica Feuchner al extraordinario cuento de Chéjov.

links relacionados:
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2 comentarios:

nrq dijo...

ya desde sus primeros cuentos Chéjov nos regala sus estupéndos finales.

saludos desde México.

eco dijo...

completamente de acuerdo .
saludos desde aquí