"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

miércoles, 10 de julio de 2013

Terraza de verano 1 y 2 / y un poco de zen





En verano el tiempo parece ir más lento. Es un tiempo suspendido, en stand by. La vida al aire libre se dilata y sentarse en una terraza una mañana de sol a tomar una cerveza o un helado o... lo que sea, es un buen momento para ver pasar la vida y olvidar preocupaciones propias de otras estaciones. También se puede emplear ese tiempo relajado para sumergirse  en la transparencia y brevedad de unos cuentos zen, que vendrá bien  recordar... en invierno.
 Una proporción exacta

Sen no Rilyu, un maestro de la ceremonia del té, deseaba colgar un cesto con flores de una columna. Pidió a un carpintero que le ayudara y le dio instrucciones para que colocara el cesto un poco más alto o más bajo, hasta que encontró exactamente el punto apropiado.
   -Ése es el lugar-  dijo finalmente Sen no Rikyu.
   El carpintero para poner a prueba al maestro, señaló el punto y luego fingió que lo había olvidado. ¿Era aquél el lugar?
   -¿Era aquí, tal vez? -preguntaba el carpintero una y otra vez, señalando diversos lugares de la columna.
   Pero tan preciso era el sentido de la proporción que tenía el maestro de la ceremonia del té que hasta que el carpintero señaló de nuevo el sitio exacto no le dio su aprobación.







El que da es quien debería estar agradecido


Cuando Seisetsu era maestro de Engaku en Kamakura, solicitó una sala más grande, puesto que el lugar donde impartía su enseñanza estaba abarrotado. Umezo Sei-bei, un mercader de Edo, decidió hacer donación de quinientas piezas de oro llamadas ryo para la construcción de una escuela más espaciosa. El mercader entregó este dinero al maestro.
-Muy bien lo tomaré -dijo Seisetsu.
Umezu dio a Seisetsu el saco de oro, pero estaba insatisfecho con la actitud del maestro. Tres ryu bastaban para que uno pudiera vivir todo el año, y al mercader ni siquiera le habían agradecido los quinientos.
- En ese saco hay quinientos ryo...-insinuó Umezu.
- Ya me lo has dicho antes -replicó Seisetsu.
- Aunque sea un mercader rico, quinientos ryo es mucho dinero -dijo Umezu.
-¿Quieres que te de las gracias por ello? -inquirió Seisetsu.
-Deberías hacerlo.
-¿Por qué habría de hacerlo? -inquirió Seisetsu-.El que da es quien debería estar agradecido. 





La clara comprensión de Ryonen


La monja budista conocida como Ryonen nació en 1797. Era nieta del famoso guerrero japonés Shingen.-Su genio poético y su atractiva belleza eran tales que a los diecisiete años servía a la emperatriz como una de las damas de la corte. Incluso a una edad tan juvenil le aguardaba la fama. 

La amada emperatriz falleció de repente y los esperanzados sueños de Ryonen se desvanecieron. Adquirió una aguda conciencia de lo efímero de la vida en este mundo. Fue entonces cuando deseó estudiar el zen.

Sin embargo sus familiares no estaban de acuerdo y prácticamente la obligaron a casarse. Rayonen asintió cuando le prometieron que podría ser monja después de tenido tres hijos. Antes de los veintiocho años se hallaba en condiciones de realizar su deseo, y ni su marido ni sus familiares pudieron disuadirla. Se rapó la cabeza, adoptó el nombre de Ryonen, que significaba comprender claramente, y emprendió su peregrinaje.

Llegó a la ciudad de Edo y pidió a Tetsugyu que la aceptara como discípula. Al maestro le bastó una sola mirada para rechazarla, porque era demasiado hermosa.
Entonces Ryonen  fue al encuentro de otro maestro, Hakuo,  el cual la rechazó por el mismo motivo, diciendo que su belleza no haría más que causar problemas.

Ryonen se hizo con una barra de hierro candente y se la aplicó al rostro. En unos instantes su belleza se había devanecido para siempre.
Entonces Hakuo la aceptó como discípula.
Para conmemorar esta ocasión, Ryonen escribió un poema en el reverso de un espejito:
                                Al servicio de mi emperatriz, quemé incienso
                                para perfumar mis ropas exquisitas,
                                Ahora, como mendicante sin hogar, quemo mi rostro
                               a fin de ingresar en un templo zen. 

Cuando Ryonen estaba a punto de abandonar este mundo, escribió otro poema:
                              Sesenta y seis veces han contemplado estos ojos
                              la cambiante escena del otoño,
                               He dicho lo suficiente sobre la  luz de la luna,
                               No me pidáis más.
                               Escuchad tan sólo la voz de los pinos y los cedros
                               Cuando no hay el menor soplo de viento.

                                                                     *

Una gota de agua

Un maestro de zen llamado Gisan pidió a un joven estudiante que le llevar un cubo de agua para enfriar el baño.
   El estudiante le llevó el agua y, tras enfriar el baño, arrojó al suelo la poca que quedaba.
-¿Estúpido -le regañó el maestro-. ¿Por qué no has regado las plantas con el resto del agua? ¿Qué derecho tienes a desperdiciar siquiera una gota de agua en este templo?
El joven estudiante alcanzó en aquel instante la iluminación del zen. Cambió su nombre por el de Tekisui, que significa una gota de agua.



Cómo escribir un poema chino


A un conocido poeta japonés le preguntaron cómo se compone un poema chino.
-  El poema chino habitual tiene  cuatro versos -explicó- .El primero contiene la fase inicial; el segundo verso la continuación de esa fase; el tercer verso gira sobre ese tema e inicia uno nuevo, y el cuarto une a los tres primeros. Una canción popular japonesa lo ilustra:
                         Las hijas de un mercader de seda viven en Kyoto.
                         La mayor tiene veinte años, la menor dieciocho.
                        Un soldado puede matar con su espada,
                        Pero esas muchachas matan a los hombres con sus ojos.




(101 cuentos zen. Galaxia Gutenberg)