"¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? -le dijo a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse- Así." Echó una ojeada a la mesa -cuenta Korolenko- tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: " Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará El cenicero."Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: "Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero". V.NABOKOV/ Chéjov

"¿Has visto alguna vez un montaje realmente hermoso de, digamos, "El jardín de los cerezos"? No me digas que sí. Nadie lo ha visto. Puede que hayas visto "montajes inspirados, montajes eficaces", pero nunca algo hermoso. Nunca una versión en la cual todos los que salen al escenario estén a la altura del talento de Chéjovè, matiz por matiz, carácter por carácter."-J.D.Salinger

lunes, 26 de junio de 2017

Tobias Wolff / nieve y música




Tobias Wolff sorprende cada vez.Es un narrador nato capaz de interesar desde las primeras líneas y mantener la emoción/tensión del relato más allá del final. 
Hace magia dosificando  con sabiduría, imaginación,pensamiento,sutileza psicológica, lirismo, humor...ritmo   
Aparte de excelentes novelas como "Vieja escuela","En la corte del Faraón","Vida de este chico"..., en sus numerosos relatos  hay varios que podrían entrar en el ranking inagotable de " el mejor cuento del mundo". 
Milton Avery.


POLVO

Justo antes de Navidad mi padre me llevó a esquiar a Mount Baker. Tuvo que luchar para conseguir que le acompañara pues mi madre todavía estaba enfadada con él por colarme a un club nocturno durante su última visita, para ver a Thelonious Monk.
Él no se rindió. Prometió, con la mano en el corazón, que cuidaría de mí y me traería a casa para la cena de Nochebuena, y ella se ablandó. Pero cuando dejábamos el albergue esa mañana empezó a nevar, y él percibió en aquella nieve alguna rara cualidad que hacía necesario que esquiáramos por última vez.Esquiamos varias veces por última vez. Él era indiferente a mis quejas. La nieve se arremolinaba a nuestro alrededor en fuertes rachas cegadoras que silbaban como arena, y todavía esquiábamos. Cuando el telesilla nos llevaba una vez más a la cima, mi padre miró su reloj y dijo:-¡No puede ser! Esta vez tendrá que ser rápido.Para entonces ya no se veía la pista. Era inútil intentarlo. Me mantuve pegado a él e hice lo que él hizo y de algún modo llegué abajo sin despeñarme por un barranco. Devolvimos nuestros esquíes y mi padre puso cadenas al Austin-Healey mientras yo daba saltos de un pie a otro, me golpeaba los guantes uno contra otro y tenía ganas de estar en casa. Lo veía todo. El mantel verde, los platos con el adorno de acebo, las velas rojas esperando a que las encendieran.Pasamos delante de una cafetería cuando nos íbamos.-¿Quieres una sopa? -preguntó mi padre. Negué con la cabeza-.Anímate -dijo él-.Te llevaré. ¿De acuerdo, jefe? 
Se suponía que yo debía responder."De acuerdo, jefe",pero no dije nada.
Un guardia nos hizo seña de que paráramos al salir de la estación de esquí, donde una barrera bloqueaba la carretera. Se acercó a nuestro coche y se inclinó hacia la ventanilla de mi padre, con la cara muy pálida por el frío, copos de nieve colgándole de la cejas y del borde de piel de su chaquetón y gorra.
-No me diga...-empezó mi padre.-El guardia le dijo. La carretera estaba cerrada. Podría ser que la limpiaran, y podría ser que no. La tormenta había pillado a todo el mundo por sorpresa. Difícil que la gente se pusiera a ello. Nochebuena. Qué se puede hacer. Mi padre dijo: 
-Mire. Estamos hablando de unos doce o trece centímetros. He pasado con este coche por situaciones peores. -El guardia se estiró. No se le veía la cara, pero le podía oír. -La carretera está cerrada.Mi padre permaneció sentado con las dos manos en el volante, acariciándolo con los pulgares. Miró la barrera durante largo rato. Parecía que estaba tratando de hacerse a la idea. Luego dio las gracias al guardia y, haciendo una extraña y remilgada demostración de prudencia, hizo girar el coche. 
-Tu madre nunca me perdonará esto -dijo.-Deberíamos habernos ido esta mañana -dije yo-.Jefe. 
No volvió a hablar conmigo hasta que estuvimos en una mesa de la cafetería, esperando a nuestras hamburguesas.-No me lo perdonará -dijo él-¿Entiendes? Nunca. 
-Supongo -dije yo, aunque no ser necesitaba suponer nada. Ella no le perdonaría.- No puedo dejar que pase esto -se inclinó hacia mí-. Te diré lo que quiero. Quiero que volvamos a estar juntos ¿Es lo que quieres tú? -Sí señor. Hizo como que me pegaba con los nudillos en la barbilla. -Es todo lo que necesitaba oír. 
Cuando terminamos de comer fue al teléfono público del fondo de la cafetería , y luego se volvió a reunir conmigo en la mesa. Imaginé que había llamado a mi madre, pero no me informó de ella. Dio sorbos a su café y miró fijamente por la ventana la carretera desierta. -Vamos, vamos -dijo, aunque no a mí. Un poco después lo repitió. Cuando pasó el coche del guardia con las luces destellando, se levantó y dejó algo de dinero encima de la cuenta. Muy bien. Vámonos. [en español en el original] 
El viento había parado. La nieve caía vertical, ahora más lenta y ligera. Nos alejamos de la estación de esquí, justo hasta la barrera. 
-Quítala -me dijo mi padre. Cuando le miré, añadió-: ¿A qué estás esperando? -me bajé y empujé la barrera a un lado, luego la volví a poner después de que hubiera pasado. Me abrió la puerta-. Ahora eres cómplice -dijo-. Caeremos juntos -metió la marcha y me lanzó una ojeada-.Es broma, hijo. 
Durante el primer largo trecho yo miraba hacia atrás, para ver si el guardia nos seguía. La barrera desapareció.Luego no había más que nieve: nieve en la carretera, nieve soltada por las cadenas, nieve en los árboles, nieve en el cielo, y nuestras huellas en la nieve. Entonces miré al frente y me llevé un susto. No había huellas por delante de nosotros. Mi padre conducía sobre nieve virgen entre dos hileras de árboles. Iba tarareando "Stars Fell on Alabama". Noté que la nieve se rozaba contra el suelo del coche, bajo mis pies. Para evitar que las manos me temblaran, las metí entre las rodillas.


Mi padre gruñó pensativamente y dijo: 
-Nunca trates de hacer esto tú. -No lo haré.-Es lo que dices ahora, pero un día sacarás el carnet y entonces creerás que lo puedes hacer todo. No podrás hacer esto. Se necesita, no sé...cierto instinto. 
-Puede que lo tenga. -No lo tienes. Tienes tus puntos fuertes, claro, sólo que no éste.Lo menciono simplemente porque no quiero que te hagas la idea de que es algo que puede hacer cualquiera. Yo soy un conductor muy bueno. Eso no es una virtud ¿vale?. Sólo es lago que pasa, y deberías ser consciente de ello. Claro que hay que reconocerle el mérito a este viejo cacharro. No hay muchos coches con los que yo intentaría esto.¡Escucha! 
Escuché. Oí el chasquido de las cadenas, el ronroneo del motor. Ronroneaba de verdad. El cacharro era casi nuevo. Mi padre no podía permitírselo, y siempre prometía que lo iba a vender, pero allí estaba.-¿A dónde crees que fue el policía? -pregunté. 
-¿Estás bastante caliente? Estiró la mano y subió la calefacción. Luego apagó los limpiaparabrisas. No los necesitábamos. Las nubes se habían despejado. Unos escasos copos como plumas se movían delante y los apartábamos al pasar. Dejamos los árboles y entramos en una amplia zona de nieve que se extendía al mismo nivel durante un rato y luego bajaba bruscamente. Habían puesto a intervalos unos postes naranjas en dos líneas paralelas y mi padre se guiaba por ellos, aunque estaban lo bastante separados para que dudara mucho por dónde seguía exactamente la carretera. Mi padre volvió a tararear, improvisando pequeñas variaciones sobre la melodía. 
-Vale, entonces, ¿cuáles son mis puntos fuertes?-No hagas que empiece -respondió él-. Llevaría el día entero. -Bueno, pues dime uno. 
-Fácil.Siempre eres previsor. Cierto. Yo siempre era previsor. Era un chico que guardaba la ropa en perchas numeradas para asegurar una rotación adecuada. Molestaba a mis profesores para que dieran los deberes que había que hacer en casa por adelantado para así poder planificarme. Era previsor, y por eso sabía que habría otros guardias esperándonos al final del trayecto, si llegábamos allí. Lo que no sabía es que mi padre les rogaría y convencería para que nos dejaran pasar -no cantó un villancico, pero casi-, y llegaría a casa para la cena, ganado un poco más de tiempo antes de que mi madre  decidiera romper definitivamente. Sabía que nos atraparían;estaba resignado a ello. Y tal vez por ese motivo dejé de estar deprimido y empecé a pasarlo bien. 
¿Por qué no? Aquello era algo que merecía recordarse. Como ir en una lancha rápida, sólo que mejor.Uno no puede bajar en una lancha una cuesta. Y era toda nuestra. Y seguía y seguía: los árboles cargados de nieve, la intacta superficie de nieve, los repentinos panoramas blancos. Aquí y allá veía señales de la carretera: cunetas, cercas, postes, aunque no tantos como para que yo hubiera encontrado el camino. Pero entonces no tenía que encontrarlo. Conducía mi padre. Mi padre a los cuarenta y ocho años, con arrugas, amable, sin nada de honor, con la cara encendida de seguridad. Era un gran conductor. Todo persuasión, nada de forzar las cosas. Qué sutileza la volante, qué tacto con los pedales. Confiaba en él de verdad. Y lo mejor aún no había llegado: curvas en zigzag muy cerradas imposibles de describir. A no ser diciendo esto: si no has conducido sobre nieve en polvo, no has conducido.

Tobias Wolff,Aquí empieza nuestra historia,Alfaguara,2009

viernes, 7 de abril de 2017

Sir Howard Hodgkin pintor


                                                  

Howard Hodgkin ha muerto recientemente en Londres donde había nacido en 1932. Era uno de los grandes artistas contemporáneos ingleses -para algunos el mejor de ellos- junto con Francis Bacon,David Hockney, R.B.Kitaj, Leon Kossoff, Frank Auerbach... 
Pertenecía a una familia emparentada con personalidades de las ciencias, las letras o las artes ,como Thomas Hodgkin, los Huxley o Roger Fry, el gran   crítico de arte especialista en pintura francesa que en 1910 utilizó por primera vez el término posimpresionismo para la pintura de Cézanne, Gauguin y Van Gogh... 
Ante la amenaza de Hitler en 1940, junto a su madre   y su hermana se trasladaron a Nueva York y permanecieron en EE.UU hasta 1948. De nuevo en Inglaterra un familiar rico le pagó los estudios en  el exclusivo Eton, pero Hodgkin decidió abandonarlo para más tarde entrar en una escuela de arte. En 1952 hizo su primera exposición e inició sus viajes a la India.
              Howard Hodgkin, Cena en el Palazzo Albrizzi,1984 ól/tabla,117x117 cm




                                   

La pintura de Hodgkin enlaza  con la tradición francesa  de Degas, Bonnard, Vuillard, Matisse...y está influenciada por el color  de la India que visitó muchas veces y  cuyas miniaturas coleccionaba.
Fue evolucionando a partir de los  años cuarenta, desde una pintura figurativa aunque poco naturalista, con figuras y objetos de perfiles negros marcados como los emplomados de las vidrieras medievales, hasta que -pasando por las influencias del expresionismo abstracto estadounidense y por elementos del pop tan temprano en Londres- llegó en los años setenta  a un estilo definitivo de abstracción con intenso colorido y alusiones figurativas para expresar  la visión interior de percepciones,  recuerdos y  emociones. 
En tiempos  en que lo vanguardista son las tendencias conceptuales, Hodgkin muestra su inconformismo, una vez más, como en la vida, decantándose por la pintura-pintura, intimista, de pequeño formato, que pudo parecer solo decorativa pero en la que los críticos valoran un hondo significado plástico y poético.En 1984 representó a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia y en 1985 recibió el prestigioso premio Turner.  
Dice de sí mismo que es un pintor figurativo pero no de las apariencias , que lo que representa son emociones. Y de él se ha dicho que pinta situaciones emocionales como Cézanne pintaba manzanas.   
                     
Abandonó el lienzo por la madera como soporte y a diferencia de sus contemporáneos respecto al  acrílico se mantuvo fiel al óleo mostrando un gran dominio de la técnica de veladuras, transparencias y   empastes  cargados de materia saturada y luz haciendo destellar los colores como joyas en un espacio plano. 
Practica un intimismo que rechaza lo retórico y  lo grandioso porque cree que los temas pueden encontrarse en lo ordinario, en la vida cotidiana, que no tienen que plantear siempre dilemas políticos o morales.  
El resultado es una pintura abstracta salpicada de datos figurativos transformados, "representaciones de situaciones emocionales"puntualizaba el pintor y que analiza con precisión en El impacto de lo nuevo,Robert Hughes centrándose en la pintura En la bahía de Nápoles:
                       
                                            "En la bahía de Nápoles" , 1980-82, 
"se presenta como una suave colmena de manchas de colores que florecen y titilan en hileras, sobre un suelo oscuro. ¿ventanas iluminadas? ¿Guirnaldas de luces de los restaurantes? ¿El panorama desde una terraza? Entonces van apareciendo cosas más específicas: una vertical rosa, una mancha que se convierte en una pared estucada; un manchón de cobalto en el centro, donde estaría el punto de fuga si existiera alguna perspectiva, se resuelve como un atisbo del mar; la S de pintura verde cremosa que ilumina todo el cuadro con su resplandor contradictorio, y choca contra el más tentativo y modulado salpicado del resto de la superficie, es la estela de una lancha rápida, dejando su rastro fosforescente en el agua nocturna."
               Resultado de imagen de dibujo del pintor  Hodgkin            
                                                         El estilo   puede resultar engañoso pero Hodgkin no improvisa, no tiene nada de naif, "se crió entre bibliotecas y jardines", recuerda Hughes, que alude a la formación y complejidad que hacen de él un artista sumamente refinado y a que si sus superficies pueden parecer torpes se debe a algo buscado y alaba su inmenso talento como colorista que se desborda a menudo hasta los marcos...